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Travesía por Perú
viajes
2017-03-05
Travesía por Perú
 
Por Juan Pablo Gaitán.
Juanp.gaitan@gmail.com 
 
La última vez que escribí una crónica de viaje fue acerca de la magia de La Guajira, y así como comenté en aquella oportunidad lo que más me llamaba la atención de aquella travesía era mi sueño de conocer dunas de arena de tamaños colosales en las que un ser humano se perdiera debido a su inmensidad; teniendo claro esto, ahora que contaré acerca de Perú, no podría hablar sobre otro tema - creo que la belleza de sus estructuras arqueológicas ya ha sido narrada en incontables oportunidades-, por lo que considero importante contarles cómo logré finalmente hacer uno de mis sueños realidad: conocer un desierto tal y como lo imaginamos cuando esta palabra llega a nuestra mente.
 
Mi viaje comenzó a las 6 de la tarde, en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, y mí recorrido hacia la ciudad de Lima tardó aproximadamente unas 2 horas y 30 minutos, fue un vuelo tranquilo. Debo decir que llevaba mis días contados exactamente por lo que recomiendo a todas las personas que vayan a visitar este país, que se tomen un poco más de tiempo porque siempre será poco para conocer los lugares increíbles que tiene. 
 
Como no podía desperdiciar las pocas horas que tenía en Lima, Carolina, mi compañera de viaje, y yo decidimos pasear por Miraflores, un exclusivo barrio de la capital que posee un malecón increíble desde el que se puede apreciar la costa Pacífica de la cuidad, caminar por sus calles a altas horas de la noche, como lo hicimos con total tranquilidad, además de empezar a degustar los sabores de la denominada “mejor gastronomía del mundo”. 
 
A la medianoche nos dirigimos hacia la terminal de buses de Cruz del Sur,  ubicada a unos 15 minutos de Miraflores, la cual recomiendo por su atención, cumplimiento y servicio; se puede contar con internet, alimentación y sistema de entretenimiento durante el viaje, además de su comodidad; allí nos dirigimos a Ica, que se encuentra a unas cuatro horas desde la capital. A nuestra llegada, que fue demasiado puntual, nos recibieron varios vendedores de planes turísticos para hacer la visita a Paracas, un lugar obligado si se va a ir a esta zona del país y que se encuentra a una hora aproximadamente de Ica. 
 
Ya que habíamos llegado muy temprano decidimos aprovechar el día y empezar el plan de las 6 de la mañana; es un lugar magnífico donde se pueden realizar diferentes actividades, como el recorrido a la Reserva Natural de Paracas o la visita a las Islas Ballestas, que fue el plan que escogimos y desde donde se pueden apreciar diferentes clases de aves como pingüinos, piqueros y cormoranes de diferentes clases, al igual que lobos marinos; también es posible observar el famoso geoglifo del candelabro.
 
Pero mi tan esperada visita a las dunas no podía tardar más, hacia el mediodía nos dirigimos hacia el oasis de Huacachina, donde habíamos hecho una reservación en el Desert Night Ecocamp, que si han decidido pasar la noche en la región creo que es uno de los mejores lugares; se trata de un hotel en medio del desierto y alrededor de su famoso oasis, allí solo podrán acceder si han hecho reservación, lo cual es muy importante. 
 
Durante el recorrido se podía apreciar lo que nos esperaría, pero fue sólo hasta la tarde cuando contratamos uno de los buggies, un plan obligado del lugar con un costo de 80 nuevos soles por pareja (unos 80 mil pesos colombianos), que vimos la inmensidad del lugar y cómo las dunas iban hasta el infinito fundiéndose con el cielo azul. 
 
No sólo es una experiencia que llena el espíritu y en la que se puede contemplar la belleza de un paisaje de esta clase, sino que también se convierte en una aventura extrema debido a que los conductores de estos vehículos nos llevan saltando de duna en duna, acelerando en las subidas y bajadas de estas megacreaciones del tiempo, en las que se puede practicar el sandboarding, una experiencia en la que la adrenalina estará al 100 %, pero valdrá la pena y disfrutarán cada vez más después de que se pierda el miedo al lanzarse la primera vez; para terminar el día, qué mejor que ver el atardecer en este lugar, en el que no se encontrará diferencia entre el norte y el sur, el oriente y el occidente. 
 
Al día siguiente la fantasía seguía viva en la mañana y qué mejor para no olvidarla que caminar en la arena, subir sus dunas a pie también es un buen plan, en el que se puede apreciar la cantidad de extranjeros que visitan el lugar para practicar el sandboarding de manera más profesional, de la que yo hice, e intercambiar las experiencias vividas en aquellos hermosos parajes y escuchar recomendaciones para todas las aventuras que vendrían en un país tan diverso. 
 
Un paseo por las bodegas donde se produce el pisco y en las que se puede hacer una cata de las diferentes variedades que son producidas, al igual que comprarlas a buenos precios. Una cerveza fría de trigo, un recorrido por el oasis en el que se encuentran gran variedad de opciones para almorzar o cenar y una tarde en la piscina para apaciguar el calor del lugar fue el cierre de un sueño hecho realidad y de una recomendación increíble en este país que tiene mucho más por ofrecer al turista que sus imperdibles construcciones incas y su historia.

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