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NUEVA NATIVIDAD
viajes
2012-12-13

Una nueva natividad,

El nacimiento de una nueva conciencia

Por Xiomara Xibillé.

Habitamos en un planeta que es realmente paradisíaco, pero nuestro afán de dominarlo todo nos ha enceguecido y nos impide disfrutarlo. En cambio queremos transformarlo movidos por el dinero, aunque desaparezcan la flora, la fauna y hasta la misma vida humana.

A pesar de la enorme extensión de nuestros continentes, en donde habría sitio para todos, nos amalgamamos en pequeñas y concentradas urbes, erigimos murallas de ladrillo y concreto que nos impiden ver el verde reconfortante de la naturaleza.

Mi hija Luna, después de regresar de un día de trabajo hermoso en la laguna de Guatavita con la comunidad muisca y con un joven maestro de esta transición acuariana llamado Matías de Estéfano, a penas entramos a Bogotá y en medio de la hecatombe que presupone la llegada a la ciudad por la autopista, me miró desconcertada, aturdida y triste, y me soltó desconsolada la siguiente frase: “Mamá, los humanos cómo somos de estúpidos”, ¡qué fuerte, verdad! A sus 11 años y desde la sensibilidad que tienen los niños de esta generación no entiende por qué queremos acabar con lo más preciado: nuestra Tierra.

Pasamos de ver un cielo azul, refrescado por ráfagas de aire transparente, a ver un cielo citadino cargado de gris oscuro por el hollín producido por nuestras industrias y por los exostos de los carros, poniendo un nuevos sello a nuestras vidas: la contaminación del aire que respiramos.

El agua de los ríos que nos concedía pureza, ahora, dice Luna: “Mamá, está debajo de todo este cemento”… Así es, nuestros ríos fueron silenciados y sus aguas se han espesado por los desechos sólidos. La contaminación es como un pulpo que extiende sus tentáculos, creciendo y abarcando más y más.

Y así seguimos irrefrenablemente, rompiendo la cadena alimenticia desde sus mismos inicios, consumiendo un 20% más de lo que producimos y este balance arroja resultados de cuotas insostenibles.

Nos hemos convertido en los mayores productores de basura, nuestra atmósfera nos devuelve constantemente una lluvia ácida, llena de carga tóxica, porque ya las tormentas con sus descargas eléctricas no logran purificarla. Seguimos usando desmedidamente plásticos y toneladas de desechos que no son biodegradables ni en 500 años. Nuestros cultivos están intoxicados con DDT, abonos artificiales, químicos y polifosfatos.

¿Cuándo nos perdimos? Cuando tratamos de transformar la perfección de la creación, acomodando todo a nuestras necesidades individuales dándoles paso al orgullo, la envidia, el dolor y el sufrimiento.

¿Cómo habitar en un planeta que sea distinto empezando por la humanidad de sus individuos? ¿Cómo dejar de ser seres humanos estúpidos? ¿Cómo legarles a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un nuevo planeta?

El cambio sólo se logrará cuando transformemos el deseo del poder, que es insaciable, por el poder de un morador interno que habita, hondo muy hondo, en el alma que nos guiará en la construcción de relaciones armónicas con todo lo que nos rodea y nos permitirá desde la conciencia dejar de subyugar y someter a nuestros congéneres, a la especie y hasta a la misma naturaleza.

Que esta época de natividad, de renacimiento, nos inspire a darle un espacio al nacimiento interno de una nueva conciencia planetaria, para que la tierra agonizante vea emerger seres que valoren la vida, correspondientes con una sociedad en donde la alegría y el gozo sean la esencia que los sustente.

Que en esta Navidad reconozcamos que somos LUZ Y GRANDEZA, herederos de un linaje divino por ser hijos de Dios.

xiomy@vivirbonito.co

 

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